Abstract
L os europeos, norteamericanos o australianos que confían en la prensa amarillista bien podrían creer que sus países estarían en proceso de sitio por quienes solicitan asilo y por los inmigrantes ilegales. Los periodistas panfletarios y los políticos de derecha señalan temibles consecuencias, como el crecimiento acelerado de las tasas delictivas, el terrorismo fundamentalista, la caída de los sistemas de bienestar y el desempleo masivo. Hacen un llamado al control estricto de las fronteras, al arresto de quienes buscan asilo y a la depor-tación de los ilegales. El atractivo, que tales polémicas tienen para el público, es obvio: las recientes victorias electorales de la derecha en países tan distintos como Dinamarca, Austria y Australia pueden atribuirse a los temores de los flujos masivos provenientes del sur y el este. Incluso académicos prominentes argumentan que el mundo se encuentra en las garras de una «crisis global de la migración» (Weiner, 1995). El potencial político de los miedos a la inmigración no es cosa nueva. Los historiadores nos recuerdan las campañas contra los inmigrantes judíos en Gran Bretaña en la década de 1880 y el movimiento nativista en Estados Unidos de la * Artículo publicado en Socialist Register 2003. Migración y desarrollo y el autor agradecen a esta publica-ción haber autorizado la presente traducción. ** Agradezco a Matthew Gibney del Refugee Studies Centre, de la Universidad de Oxford, y a Leo Panich por sus comentarios y sugerencias a una versión previa de este ensayo.
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Castles, S. (2003). La política internacional de la migración forzada. Migración y Desarrollo, 01(01), 74–90. https://doi.org/10.35533/myd.0101.sc
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